De progresiones y retrocesos

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    FRPYJFEl pasado 26 de julio se celebró la primera edición del Festival de Rock Progresivo y Jazz Fusión. El evento fue organizado por Producciones Latinoamérica en conjunto con la delegación Iztapalapa.

    Al llegar al recinto ubicado a unas cuadras de la estación del metro Escuadrón 201, uno podía ver un ambiente prometedor, con una exposición plástica montada justo a la entrada del auditorio, así como toda una memorabilia relacionada con el rock progresivo: discos (en CD y acetato), playeras, carteles, tazas, y otras cosas relacionadas con los máximos intérpretes de este genero de ayer y hoy, nacionales y extranjeros.

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    Ya entrando en materia, y tras un breve prólogo en el que unos jóvenes representaron el primer acto de una puesta teatral relacionada con la obra Sexo, pudor y lágrimas, dio inicio el festival con la actuación de El Brujo, quienes invocaron algunos de sus mejores sortilegios auditivos y comenzaron a prender a la audiencia que se dejó llevar con su mezcla de Acid/Space-Rock con pienceladas de Stoner, plasmada en piezas como “Mamut”o “Mandala”. Tras un corto encore, tuvieron que despedirse para dar paso a la siguiente banda.

    A las 15:00 horas dio inicio la presentación del trío Kali-Yuga, quien a base de poderosos riffs y una energética actuación, se ganaron al público que a esas horas continuaba llegando al festival. Rolas como “Codex” o “Simetría” hicieron las delicias entre el personal y permitieron demostrar las excelentes cualidades de la banda, a pesar de que su set también fue muy corto.

    Siendo las 16:30 horas, y tras un segundo acto de la mencionada obra teatral, el Jazz fusión se apoderó del escenario, con las actuaciones de dos destacadas agrupaciones: Chuck Project y el Arturo Ramírez Trío. Los primeros abrieron coun una fabulosa improvisación a cargo de su baterista, para continuar deleitándonos con piezas deliciosas, impecablemente ejecutadas, e ideales para la tarde calurosa de ese día. En opinión de algunos, Chuck Project dio uno de los mejores shows en el contexto de este festival.

    La segunda tanda Jazzera corrió a cargo de Arturo Ramírez y su trío, quienes se decantaron por un sonido más versátil, que iba de melodías cadenciosas, a otras que invitaban a seguir el ritmo con la cabeza o las manos. Su presentación dio cabida a algunas piezas de otros compositores como John Coltrane o  José Pablo Moncayo. Con este último concluyeron su actuación, y aunque los aisitentes pedían más, ya no les fue posible continuar por cuestiones de tiempo.

    Y fue precisamente el tiempo el factor que desencadenó lo que vendría a continuación. Y se dió cuando tocó el turno al bate de Ekos, quienes retomaron la dirección progresiva del evento, arremetiendo con un excelente Prog-Metal rico en pasajes atmosféricos. Sin embargo, tras su segunda canción, tuvieron que despedirse y bajar apresuradamente del escenario, ya que se estaba agotando el tiempo concedido por la delegación para el uso del espacio, dejándonos sumidos en un Coitus interruptus.

    Pero lo peor le tocaría al último intérprete (e indudable cabeza de cartel) del evento: Iconoclasta, quienes tuvieron que subir, montar todo e iniciar de manera vertiginosa. Pero cuando arrancó su actuación, el pesado telón del escenario no se movió, y fue a base de tirones y esfuerzos del staff que por fin se pudo abrir (casi a media canción) y por fin pudimos ver al cuarteto en acción.

    Desafortunadamente la cosa no paro allí, y resulta que el micrófono de la cantante y guitarrista Greta Silva no se escuchaba, y así transcurrió durante toda la canción. Cuando el problema parecía arreglado, de nueva cuenta volvió a fallar, y transcurrieron varios minutos hasta que se logró solventar el problema.

    Y después vino lo peor: cuando parecía que ahora sí podríamos disfrutar de la actuación de esta institución del Rock Mexicano, las luces fueron encendidas abruptamente, y el telón se volvió a cerrar sobre el grupo, sin darles siquiera tiempo de despedirse ni de recibir las merecidas ovaciones por parte de un público que ya se veía molesto para esos instantes. Y desafortunadamente, ese fue el desangelado final del evento.

    Ya haciendo un balance final, el resultado de este festival es mayoritariamente positivo: se reporta que asistieron alrededor de 700 personas al mismo (cifra considerable para un evento con tales características y con una modesta promoción, principalmente a través de redes sociales), y las bandas mostraron no solo un excelente nivel musical, sino mucho profesionalismo ante las adversidades que tuvieron que afrontar.

    Sin embargo, también hubo muchos negritos en el arroz que no son sino viejos vicios que existen en la escena musical desde décadas atrás, mientras que otros son remanentes de otros tiempos en que era impensable tener un evento rockero en un espacio público con el consentimiento de las autoridades correspondientes. Y el poco respeto con el que se trató a varios de los artistas tampoco debe de pasarse por alto, y mucho menos, repetirse. Por respeto a los músicos y su trabajo, por respeto al público que apoya estos eventos asistiendo a ellos ya sean gratuitos o pagando su boleto, pero sobre todo, por respeto a la libre expresión de todos.

    Texto y fotos: Francisco Javier Quintanar Polanco

    DSC_0068 DSC_0072 DSC_0099 DSC_0102 DSC_0130 DSC_0136 DSC_0148 Post y Contenido Original de : El patas De progresiones y retrocesos

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