Humanidad, ¿hasta dónde nos vas a llevar?

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    El 10 de diciembre de 1948, en París, la Organización de las Naciones Unidas recogió un documento de San Francisco de 1945 y promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Su articulado de 30 piezas tiene como piedra angular el principio de que todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Independientemente de que luego se extienda a prerrogativas específicas como salud, justicia, nacionalidad, privacía, educación, salud, trabajo, propiedad, descanso o tránsito, entre otras, desde el artículo tercero de la declaración queda establecido que los principales derechos a los que todos tenemos es a la vida, a la libertad y a la seguridad. Volveré a esto.

    En México, a pesar de vagos antecedentes en disposiciones y usos locales y regionales, llegamos a la garantía de los derechos humanos tarde y por la puerta de servicio. Formalmente en 1989 aparece una Dirección General de Derechos Humanos como dependencia de la Secretaría de Gobernación. A todas luces una concesión paternalista y, por tanto, controlada. Es hasta 1992 que surge la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) como un órgano descentralizado y autónomo. Pese a ello, la comisión ha demostrado tener muy limitadas facultades jurídicas para exigir el cumplimiento de estos importantes derechos.

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    Hasta el momento, la CNDH se ha visto constreñida a emitir recomendaciones, generalmente a las entidades del Poder Judicial y mayormente ligadas al uso excesivo de fuerza, tortura o privación ilegal de la libertad y en algunos casos a privación de la vida. Carente de herramientas de castigo, la CNDH difícilmente puede o quiere ocuparse de los otros derechos del hombre. Esa simplificación ha conducido a que el organismo se dedique, en la mayoría de los casos, a denunciar deficiencias de procedimiento en el trato de los delincuentes, convirtiéndose así, a los ojos de la opinión pública, en defensor de criminales.

    El clamor social pregunta dónde están los derechos humanos de las victimas de esos delincuentes y por qué la CNDH no se ocupa de ellos. ¿Quién defiende el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de las víctimas de secuestro? ¿Dónde está el derecho a la educación de los niños y adolescentes de Oaxaca tomados en rehenes por los maestros coordinados? No son solamente las instituciones policiacas y su violencia las que violan nuestros derechos humanos. Paradójicamente, en el ejercicio del derecho a expresarse libremente hemos visto cómo se toleran las agresiones físicas hacia los policías de a pie.

    Este concepto equívoco se refleja hoy jueves, que se cierra el registro ante el Senado de los candidatos a suceder al doctor Raúl Plascencia Villanueva como titular de la CNDH; los aspirantes han sido identificados con partidos y, especialmente, grupúsculos políticos claramente definidos. De hecho, el doctor Plascencia ha estado por meses inserto en controversias reales o ficticias con grupos adversarios al suyo. De esta suerte, el organismo asignado a defender nuestros derechos es considerado un botín político, una posición de presión y fuerza política, en un periodo en que precisamente el desvelar la brutal violación de los tres derechos humanos fundamentales mencionados arriba —en Guerrero, en Michoacán, en Tamaulipas, en el Estado de México— han puesto a México en una situación álgida, tensa, incierta, crispada. En época, casualmente, previa a las elecciones intermedias en que el objetivo principal de los políticos no es apoderarse, conservar o recuperar las gubernaturas de algunos estados, sino hacerse del Congreso.

    Humanidad, ¿cuántas barbaridades se cometen en nombre de tus derechos?

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    Post y Contenido Original de : Excelsior

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