Los imponderables

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    Hoy nos despertamos con las imágenes del Palacio Municipal de Iguala incendiado, igual que cuando ocurrió lo mismo con el de Chilpancingo. Nos despertamos también con los datos que ayer dio a conocer Jesús Murillo Karam con respecto a las razones (que ya todos intuíamos respecto al caso) del ataque a los normalistas: todo ordenado por el alcalde prófugo, José Luis Abarca, para impedir que, en la cabecita paranoide del  ya claramente corrupto matrimonio Abarca-Padilla, los estudiantes boicotearan una evento que presidía su esposa, quien fungía como el puente entre el gobierno local y Guerrero Unidos, haciéndola de operadora financiera, manejando unos tres millones de pesos al mes que eran entregados a la organización criminal. Hasta ahí el avance en la investigación. El próximo domingo se cumple un mes de los lamentables hechos y continuamos haciéndonos la misma pregunta: ¿en dónde están los 43 jóvenes? Desaparición que nadie en el gobierno de Enrique Peña Nieto hubiera podido siquiera prever. Un escenario imponderable.

    Seguimos sin tener respuesta, pero hay un eco que se escucha en muchas partes del mundo pidiendo por ellos. En definitiva, no se había llegado a un punto de tanta tensión política y social como ahora, al menos no durante esos casi dos años del sexenio de Enrique Peña Nieto. Todo había sido un enfoque hacía la operación política, el Mexican Moment como lo llamó la prensa internacional. Las reformas impulsadas, aprobadas y promulgadas. Todo era, decían, sólo mirar hacía el futuro. En estas últimas cuatro semanas aquel brillante momento pasó a la oscuridad. Hace tres semanas escribimos aquí al respecto, cuando se comenzaron a generar protestas en varias partes del mundo. Manifestaciones de solidaridad para las familias que aún buscan a sus hijos, las portadas en diarios de todo el mundo. La referencia de nuestro país —la marca México— otra vez, nuevamente, carajo, como un territorio en conflicto con el crimen organizado peleándose hasta las banquetas. Se destapó una cloaca que no han sabido cómo drenar. Buscando a los estudiantes, resulta que ahora se enfrentan, además, con cadáveres viejos, que nadie esperaba, que ni son suyos (de su administración, pues) son los que salen hoy a acosar al gobierno de Enrique Peña Nieto. Un inesperado imponderable.

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    Como imponderable el caso de Tlatlaya, como imponderable el conflicto con el IPN, como imponderable la caída de los precios del petróleo. Inesperadas realidades con las que están tratando de lidiar de la mejor manera posible los secretarios de la Defensa, Salvador Cienfuegos, de Gobernación, Osorio Chong, de Educación, Emilio Chuayfett y, por supuesto, de Hacienda, Luis Videgaray. Con todas estas inesperadas realidades que pareciera, decidieron todas presentarse cual avalancha para la que, veremos, si el gobierno de Peña Nieto está preparado para salir airoso.

    Pero ¿no es acaso también parte del arte político el saber resolver lo inesperado? Ojalá que puedan darle la vuelta, y pronto, a ésta que parece la primera gran pesadilla del sexenio. La pesadilla de lo inesperado. De los varios imponderables ocurriendo a un mismo tiempo…

    Me cuentan. Que uno de los políticos más controversiales y controvertidos de los últimos años está a punto de colocar en la mesa de novedades de las librerías su autobiografía. Azules, amarillos, tricolores, intelectuales y periodistas veremos desfilar en las páginas de ésta que, sin duda, será una gran aportación para entender el México de la real politik

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    Post y Contenido Original de : Excelsior

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